abr 07

Passatge Can RobacolsEn el año 1944, sucedieron dos cosas importantes en mi vida. Mi  abuelo decidió que no valía la pena seguir viviendo y yo decidí nacer a pesar de lo complicado que venía el parto. Ambas cosas, sucedieron en un pueblecito de Aragón. Dos años más tarde, mi abuela con sus hijas y mis padres conmigo, cogieron el tren y con los pocos enseres que tenían vinieron a Barcelona. Me imagino su viaje en aquellos trenes de vapor, humo en las ventanillas, asientos de madera y comidas compartidas.

El destino los llevo a un humilde barrio de San Martí, allí donde la ciudad termina, junto a la riera de Horta y campos cultivados por payeses. Era un barrio humilde, de casitas con patio, calles de tierra, charcos de lluvia y vecinos venidos de todas partes.

Al salir de clase por la tarde, pan con chocolate y a jugar; los niños jugábamos en la calle partidos de futbol con viejas pelotas que  algún niño conservaba desde hacía mucho tiempo. Vivíamos ajenos a los problemas de los mayores, y en nuestro mundo, éramos felices.

Un día, entro en mi casa un mundo diferente, mis padres habían comprado una radio. La música, los cuentos los concursos y las obras de teatro, se adueñaron de mí.

Me hubiera gustado ser músico y cuando se celebraba la fiesta mayor miraba con envidia a las orquestas que venían a tocar y soñaba con la vida que debían llevar aquellas personas, de un lado a otro, conociendo nuevos mundos y siendo felices tocando sus instrumentos.

En estos pequeños barrios, había la ventaja de que todo el mundo se conocía, y era frecuente, en las noches de verano sacar las sillas a los patios para tomar la fresca y hablar con los vecinos.

La verbena de San Juan era otro momento de encuentro, los niños con sus petardos y cohetes. Los grandes se divertían bailando con la música que emitían por la radio.

El invierno era muy duro, mi abuela se sentaba junto al brasero y nos cogía en brazos a mí o a mi hermano para darnos calor.

Mi hermano y yo, fuimos unos afortunados, mi abuela, mis tías y mí madre cuidaron de nosotros. Cinco mujeres a nuestro alrededor dándonos todo lo que un niño puede necesitar. Ahora, algunas de ellas ya no están y por eso escribo este relato como recuerdo de aquel tiempo que vivimos juntos en aquel barrio de Sant Martí, donde crecí y fui feliz.

Todos esos recuerdos y muchos más están en mi memoria, y como dijo Serrat “son aquellas pequeñas cosas, que hacen que lloremos, cuando nadie nos ve”.

Barcelona 2015

Ricardo Bendicho

 

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2 Comentaris a “Calle Bolivia-S. Martí de Provençals”

  1. Magui Turnes escrigué:

    Que valientes aquellas generaciones que cogían la maleta con lo justo la familia y se subían a un tren en busca de una vida mejor. Tu lo describes de una forma entrañable en tu relato.
    Enhorabuena Ricardo

  2. Mª Jesús Mandianes escrigué:

    ¡La vida está compuesta de esas pequeñas cosas que forman nuestros recuerdos más felices! Escuchar la radio mientras merendábamos pan con chocolate o descubrir la ciudad imponente de la mano de nuestros padres, son recuerdos que compartimos muchos. Gracias por compartirlos en tu relato.

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