mai 09

spammersSiempre se ha dicho que el lenguaje se configuró a partir de la necesidad de entenderse; buscaba manifestar el pensamiento, de forma que el interlocutor entendiera aquello que se le quería transmitir. Tiene también otros usos como: engañar, manipular, seducir, confundir y muchos más, aunque su objeto principal sigue siendo el de comunicar.

Cada cultura ha hecho usos distintos de ésta característica peculiar entre humanos; en tiempos no lejanos, la tertulia servía para debatir opiniones y contrastar conocimientos sobre una determinada materia, que confirmaban, matizaban o replanteaban los criterios de los interlocutores y oyentes, o buscaban reafirmar los ya existentes.

Las nuevas sociedades, más apresuradas e informatizadas y siempre escasas de tiempo, han ido esquematizando la extensión y profundidad de los mensajes, para concretarlos en lo que han dado en llamar “titulares” o “resúmenes”. En este tipo de mensajes destaca más el titular que el detalle, y más la idea general que el contenido en particular.

Ésta brevedad ha permitido multiplicar exponencialmente el número de mensajes que recibimos, lo que evidentemente va en detrimento de la calidad, la precisión y la riqueza de matices y contenidos de los mismos.

De ello tomó buena nota la publicidad, que esquematiza un mensaje en función de a que ”público objeto” va dirigido, llegando a identificar marcas a través de unas “palabras clave” que las identifique (energía azul, fresh banc, energía que piensa, o expresiones como “crecimiento negativo”,… “eficaz y eficiente”,… “efecto transversal”,… etc.). Unas palabras que se refieren a una marca o a una idea identificada por el mensaje, con tal sofisticación que en ocasiones no sabemos qué nos están vendiendo, cuando no enlazamos las susodichas palabras clave con la machacona marca publicitaria.

El resultado final es que recibimos una enorme cantidad de información -inasumible en muchas ocasiones,- emitida en breves mensajes en forma de titulares y envueltos con datos difícilmente recordables (webs, direcciones, teléfonos, e.mails, etc.), que ocupan nuestra capacidad de atención y tiempo personal, y que en la mayoría de las ocasiones no nos son útiles, dado que nuestra mente -por suerte- decide olvidarlos ante su falta de interés.

Lamentablemente -y salvo excepcionales mensajes de contenido y calidad,- acabamos recibiendo una incongruente cantidad de información, mensajes y titulares de noticias -en ocasiones fuera de contexto,- que nos aportan una pobre información, fácilmente equívoca para establecer conclusiones; tanto más, cuando los datos son contradictorios o intencionadamente manipuladores, en función de los intereses de quien los emite.

Esto se conoce como “información fragmentada”, que en lenguaje actual es similar al conocido como “spam” (basura). Información cuyo final es el de ser ignorada, pero que antes nos ha ocupado una atención mental necesaria para otras cosas, como la de adquirir un mejor “conocimiento” o para sencillamente, “vivir”.

Javier de la Casa

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Un comentari a “Información fragmentada”

  1. Rosa escrigué:

    Magnifico!!!

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