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supermujer_2Las estadísticas de supervivencia en las grandes poblaciones, nos muestran con evidente claridad, que las mujeres suelen vivir una media de unos siete años más que los hombres.      El número de viudas, y de población femenina, es evidente mayor.

Algunos factores añadidos, indican que dentro de las diferentes etapas que se desarrollan en el ciclo de la vida, hay un número mayor de hombres que mueren por situaciones traumáticas o violentas.  Se explican estas circunstancias por el hecho de que los hombres suelen actuar más impulsivamente, recurren con más facilidad al enfrentamiento físico o tienden a valorar menos las consecuencias en las exposiciones al riesgo.

Curiosamente, en cambio, y a pesar de que las situaciones de tipo depresivo o de ansiedad se dan mayoritariamente entre las mujeres, el número de hombres que se quitan la vida es el triple.

Este mayor grado de supervivencia de la mujer, suele atribuirse al hecho de que tienen un instinto más desarrollado de protección de la vida: sea propia o de sus hijos, y ello hace que su habilidad para no tener que resolver las situaciones con violencia, faculte a la mujer de capacidades especiales para defenderse mejor en el proceso de la vida.

En general, la mujer suele tener más tendencia al hecho de unir que al de separar, y suelen ser más pragmáticas y realistas, por lo que buscan soluciones o acuerdos, sin tener que llegar a situaciones extremas.

A pesar de ello, y debido a los ancestrales procesos culturales de cada sociedad -que en muchas ocasiones han menospreciado el valor de las aportaciones de las mujeres,- en el escenario internacional del poder, y pese a que son mayoría en nuestras sociedades, no ocupan demasiados puestos destacados.

Existen fuerzas reticentes -hace pocos días un diputado polaco justificaba un menor sueldo para la mujer, argumentando que eran débiles, pequeñas y faltas inteligencia,- para que la mujer ocupe puestos de más responsabilidad en todos los estamentos de la sociedad.

La realidad es que mientras la mujer ocupa en número destacado de puestos en las universidades, escuelas y cargos profesionales, y se hace más presente y autónoma en todos sin dejar de ocuparse en la medida que puede de sus responsabilidades familiares y maternales, el hombre demuestra menor capacidad de adaptación -siempre existen excepciones,- a los cambios vertiginosos que muchas sociedades afrontan.

Cada vez resulta más anacrónico minusvalorar el papel de la mujer en nuestra sociedad, y a la vez, hacerla responsable de muchas más actuaciones y carga de trabajo de las que el sexo fuerte sería capaz de asumir.

Todo ello sin dejar de reconocer, las evidencias neurológicas y físicas que demuestran palpablemente las diferencias existentes entre ambos sexos; diferencias, que indican que estos temas no se han de resolver mediante la lucha, sino buscando las mejores formas y soluciones para compartirlos.

“Las fortalezas del sexo débil” por Javier de la Casa Serra (5 de marzo 2017)

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