mar 01

hqdefaultEn una historia que se remonta al origen de los tiempos, se dice de un joven súbdito que fue a pedir audiencia a su anciano señor, para informarle de un hecho reciente que al parecer iba a ser pronto de dominio público.

El viejo y avezado señor, que se hallaba ensimismado en sus pensamientos, ordenó que se le hiciera pasar de inmediato, y el joven, después de una ceremoniosa reverencia, le pidió permiso para poderle relatar unos hechos, que a su entender podrían interesarle.

Se había iniciado a hablar el joven, cuando el anciano alzó la mano y le dijo con firmeza:

“Antes de manifestarme nada, por favor contéstame a estas tres preguntas:

- ¿Estás seguro de que lo que vas a relatarme se ciñe a la verdad.?.

- ¿Qué el contenido de tu relato beneficiará a alguien.?.

- ¿Que es imprescindible que éste hecho sea divulgado.?.

Si las respuestas a estas preguntas son afirmativas, soy todo oídos para atenderte y conocer cuanto deseas relatarme.

Pero si una sola de las tres respuestas no es afirmativa, entonces, por favor te pido, que no me cuentes nada”.

El joven, atónito ante tal premisa, reflexionó quedamente y después de unos momentos de incertidumbre, y con la misma ceremonia de antes, hizo una profunda reverencia y lentamente retrocedió sin pronunciar palabra alguna, hasta salir de la sala.

Y es que su anciano señor, le había indicado con su actitud, que ya no estaba dispuesto a que se le manifestaran hechos que no pudieran ser probados, o bien que fueran faltos de beneficio o en agravio de alguien; o que el contenido de los mismos fuera irrelevante.

Por lo visto el anciano, en sus ratos de meditación, se había planteado que su tiempo disponible iba siendo ya demasiado limitado para desperdiciarlo en atender calumnias, chismorreos y nimiedades.

Parece ser que tras una profunda reflexión, la lección caló en el joven, quien decidió asumirla y tomarla para sí, recogiendo de esta forma el regalo que le hizo su mentor al hacerle partícipe de las conclusiones a las que había llegado.

Y es que en ocasiones, hay lecciones que de tan sencillas, son sencillamente impagables.

Javier de la Casa

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2 Comentaris a “Verdadero, bueno y necesario”

  1. pilar Zabala escrigué:

    És una bona reflexió Javier, moltes gràcies

  2. Magui Turnes escrigué:

    Que grande es la sabiduría de los ancianos, no hay mejor escuela que la de la vida y la experiencia, mientas que sea honrada la primera y cabal e imparcial la segunda. Un relato que me lleva a reflexionar sobre todo lo que está ocurriendo hoy en día en este país demasiados oídos sordos en muchas ocasiones y una gran falta de atención en muchas otras.Gracias Javier

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