Un lunes del mes de febrero, inicio junto a mi marido, mi hermano Jaime, y Luisa su mujer, unas breves vacaciones. Un autocar nos espera a la salida del aeropuerto de Sevilla para conducirnos hasta un hotel situado en Matalascañas, una urbanización costera perteneciente a Almonte, provincia de Huelva.
Son las seis de la tarde cuando decidimos recorrer a pie un tramo del paseo de seis quilómetros que transcurre a lo largo de la playa. Un viento desapacible y frio me obliga a subir al máximo la cremallera del anorak y a introducir las manos en los bolsillos a la vez que un nutrido grupo de golondrinas, ajenas al estado del tiempo, revolotean gritonas y amenazantes a nuestro alrededor para que abandonemos su territorio. Durante el camino de regreso al hotel el sol se tiñe de un rojo intenso antes de desaparecer bajo las plateadas aguas que bordean el horizonte.
Compruebo que los amaneceres son más perezosos aquí. La oscura sombra de la noche sigue reinando impasible a la misma hora que en Barcelona empieza a asomar el día. LLegiu-ne més »













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