nov 20
 Militza es la gitana que en un gesto desesperanzado, apoya su delicada mano sobre el cerrojo que aprisiona al amado

Militza es la gitana que en un gesto desesperanzado, apoya su delicada mano sobre el cerrojo que aprisiona al amado

Se describre a la autora y a su obra como “la belleza que esculpe del dolor”. Escultora chilena, que nació el 29 de octubre de 1875 en Santiago. Debido a la enfermedad mental de su madre y por los continuos viajes diplomáticos de su padre, vive su primera infancia al cuidado de su abuela materna. Augusto Mattel decide alejar a la niña de esa trágica presencia. La lleva consigo a Europa a recorrer el mundo, como parte de un proceso educativo.

El francés se convierte en su segunda lengua. Teatros, música y los mejores libros pasan a constituir una sólida base para su formación. Sin embargo, la ausencia materna es una constante en la formación de su carácter Rebeca tiene 14 años cuando llega con su padre a París, la meca de la intelectualidad del momento. Augusto Matte desempeña una activa carrera diplomática, mientras su hija queda internada en un colegio religioso.  A los 21 años culmina su formación en el colegio. Su padre le instala un pequeño atelier, donde la joven comienza a trabajar la arcilla que va corporizando las formas de su alma solitaria. Su formación clásica fluye y sus delicadas manos son el instrumento adecuado. Así surgen los primeros trabajos que ya denotan una fuerte carga dramática, donde la figura femenina adquiere marcado protagonismo.

Al volver a París, se encuentra con el mundo de Rodin y sus discípulos, entre los cuales figura una joven que, como Rebeca, apenas si logra contener su entusiasmo y creatividad: Camilla Claudel será como una delicada mariposa presa en las garras de un hombre que no tuvo la suficiente sensibilidad para comprender su pasión, pero sí la necesaria inteligencia para intuir que la alumna podía opacar al maestro. Pero esa es otra historia.

Rebeca es inscripta en la Academia Julian, el lugar obligado para las niñas acomodadas que querían manifestar sus inclinaciones artísticas. El primer trabajo que realiza, influenciada por la formación clásica, tiene mucho que ver con el silencioso y nostálgico mundo que lleva en su corazón. “Medea” es la personificación de la locura y un trágico destino de desesperación y abandono: la madre despechada, mata el fruto de sus entrañas en un inexcusable arrebato de locura. De alguna forma, la joven expresa la ausencia materna en su obra artística, que será una constante a lo largo de su vida.

A esta época corresponde una de sus obras más impactantes: “Horacio”, una figura imponente en el gesto duro y resuelto con que marca el destino de los hijos. Los ojos vacíos denotan la frialdad y determinación del terrible momento. Rebeca tiene sólo 24 años cuando realiza esta obra, pero ya está en la madurez de su creación. Y luego viene el Salón de París de 1900. Es aceptada en él a través de una obra cargada de mensajes íntimos: Militza. La figura femenina comienza a ser el centro de atención en sus trabajos. Hay una minuciosidad del detalle, el acabado perfecto, la delicadeza de las formas.

Matrimonio. Su padre elige para ella a un candidato que parecía reunir todo lo necesario: Pedro Iñiguez, joven diplomático y aspirante a político. Nada se sabe con respecto a los sentimientos de ella. Tampoco en ese momento eran importantes como para ser tenidos en cuenta. De esta unión nacería Lily Iñiguez, delicada niña a la que la madre entrega su corazón. La escultura quedará postergada algunos años, en que los dedica exclusivamente a la crianza de su adorada niña. En 1902, el padre de Rebeca decide el retorno de la familia completa a Chile. . La figura de la madre vuelve a corporizarse en cada rincón de la casa paterna. Ahora, ella es la mujer que lleva la maternidad en un protagonismo que no quiere delegar. La ternura que acompaña la presencia de la hija se proyecta en el rostro de su obra “Lily”, logrando trasladar al mármol la delicadeza de esa niña.

Desarraigo: Chile no es más su lugar. Se impone el regreso a Europa. Florencia será su destino definitivo. A partir de 1912 retoma su labor creadora, realizando estupendos trabajos que demuestran su madurez. Sin embargo, la carga existencial en la vida de Rebeca se va haciendo notar. Su matrimonio se debilita. Pedro Iñiguez no logra o no quiere penetrar en el mundo íntimo y exquisito de su mujer. Ésta, a su vez, estrecha cada vez más los lazos con su hija que ya comienza a sentir los síntomas de la enfermedad que la llevará a la muerte: la tuberculosis. Todo contribuye a una exacerbación de la sensibilidad artística de esta delicada mujer que va volcando en sus obras la tristeza soterrada a lo largo de su existencia.“Santa Teresa”, “Desesperanza”. “Crudo invierno”, demuestran la garra de una artista en plena madurez.

La Guerra: Llega el encargo para realizar un monumento que será emplazado en los jardines del Palacio de la Paz que se estaba construyendo en La Haya y que se inaugura en 1913 como un deseo utópico frente a los terribles acontecimientos que se desatarían sólo un año después. El trabajo realizado por Rebeca se titula “La Guerra” y tiene en el rostro de la figura principal todo el horror que puede esconder la muerte que, vencedora, apoya su pie sobre la humanidad yacente. Una alegoría del sufrimiento y del horror. Esta obra hace que su trabajo sea conocido en el mundo.

En mayo de 1915 se instalan en “La Torrosa”, un lugar idílico en las colinas de Florencia. Lily tiene 14 años, su frágil organismo se va consumiendo, mientras observa cómo su madre modela sus mujeres perfectas. En 1917, el gobierno de Chile le encarga un monumento que recuerde a los héroes de la Concepción, un sangriento episodio que tuvo lugar en la guerra contra Perú y Bolivia. Rebeca transmite, a través del frío material, la crueldad sin sentido, la muerte inútil; el brazo en alto es como un grito desafiante ante tanta insensatez. Al terminarlo, escribe a su marido en Chile: “Estoy exhausta pero contenta”. Los diarios del momento hablan de ella: “Es la más grande escultora mujer de nuestros días (siempre la exclusión). Modela y esculpe como un hombre, pero piensa y crea con su corazón delicadísimo de mujer, lo que constituye la más grande altura a que se puede llegar en el arte, dada -precisamente- la pobreza de sentimiento de la mayor parte de las obras viriles de nuestra época”. El monumento hoy se puede contemplar en una de las principales avenidas de Santiago.

El Dolor: Lily muere en 1926, a los 24 años. Rebeca se dedicará a perpetuar la memoria de su hija. Viaja a Chile, presenta un libro de poemas de Lily y organiza una serie de hogares para niñas huérfanas. Los llama “Hogar nido”.  Luego de un tiempo regresa a La Torrosa, en Florencia, donde fallece el 14 de mayo de 1929. Tiene 53 años.

En la vida y obra de Rebeca Matte, la desdicha fue su fuente de inspiración y los estados melancólicos la llevaron a la cima luminosa del arte. Sus figuras femeninas, gráciles, delicadas, sus manos lánguidas, tratando inútilmente de abrir puertas, de derribar muros, de tocar el cielo, son el grito silencioso que se ahoga en el cuerpo de Icaro, que yace inútilmente derrotado ante la mirada resignada de su padre.

 

Rosa C.L.

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