jun 02

Notaba como el vaho de la cocina se colaba por la rendija de la puerta del dormitorio acompañado de ese inconfundible aroma de los domingos por la mañana.

Muy temprano, la abuela Lola, después de asearse y tomar un humeante tazón de café con leche acompañado de unos churros que ella misma había preparado, se ponía manos a la obra y colocando la olla al fuego esperaba que rompiera a hervir. Comenzaba entonces el ritual: echaba los ingredientes con tanto cariño y delicadeza que daba la impresión de que eran piezas únicas; tenia tanto cuidado que cualquiera hubiera dicho que los acariciaba en lugar de cortarlos con el cuchillo que tenía en exclusiva para su uso personal.

Primero, dejaba caer en el agua un buen trozo de carne fresca, algo de espinazo unas costillas de cerdo y, si precisaba, una pizca de sal; a veces añadía alguna de las partes de ese digno animal que es el cerdo, un trozo de careta, oreja, rabo, daba igual, lo que tuviera ese día en la despensa por último añadía un trozo de unto, ingrediente imprescindible para un buen caldo gallego que se precie de serlo, sin él, sin ese sabor y olor tan característicos no sería lo mismo.

Mientras dejaba que cocieran? a fuego lento, iba limpiando los grelos, —aún me parece oír el crujido de las hojas al romperlas entre sus manos y, una vez en el escurridor, le tocaba a la patata esa deliciosa patata gallega, la pelaba con cuidado pero con cierta rapidez para acabar cortándola como a mordiscos. «Es necesario que sea así para que espese el caldo»,murmuraba en voz baja—

Mas tarde, pinchaba la carne con un tenedor comprobando que todo estuviera bien cocido y en su punto, era entonces el momento de retirarlo del fuego, debía quedar bien escurrido ―todavía puedo escuchar el sigiloso goteo que me recordaba al de un grifo estropeado―. Con mimo iba colocando los ingredientes ya cocidos en una de esas fuentes de loza blanca que guardaba en la vitrina del comedor. «Por si a alguien le apetece, y si no, ya haremos unas croquetas o unas empanadillas de carne, todo se aprovecha, no hay que tirar nada».

Enfrascada en su faena, ponía en la tartera las patatas la verdura y la judía blanca que no había olvidado dejar en remojo la noche anterior. Desde mi cuarto, escuchaba como iban cayendo e imaginaba que eran pequeños duendecillos dándose un baño, chapoteando en el agua de un estanque y, como en un juego, apostaban quien llegaría antes a la olla.

Mientras tanto sin sobresaltos y con resignación la abuela exclamaba: « ¡Hala a esperar!».

Durante la espera observaba como todos, uno a uno, después de sacudirnos las sabanas de encima, de un salto, nerviosos y emocionados, salíamos de nuestros dormitorios. Todavía a medio despertar y restregándonos los ojos, intentábamos retirar las legañas que nos impedían ver con claridad lo que se cocía en la cocina, pero el olfato no nos engañaba y un Umm… que al unísono salía de nuestros labios hacia sonreír a la abuela.

Era la señal de su acierto, el plato favorito de todos para una buena mesa de domingo.

Magui Turnes

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mar 25

Olores cotidianos

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Hay cosas que no se olvidan. Cuando yo era pequeña  me gustaba estar en la cocina cuando mi madre cocinaba; porque los olores que desprendían sus guisos me encantaban. Yo tendría unos seis años, al ser tan pequeña mi madre me sentaba encima del mármol de la cocina junto a la pica de fregar los platos. Me gustaba mirar a mi madre al tiempo que me mojaba  los dedos con las gotas de agua que caía del grifo. Mientras, en  la radio sonaba la canción del “Cola Cao”, era un anuncio comercial que mi madre y yo la cantábamos juntas a la vez que ella cocinaba.

Los olores eran variados en mi casa: el jabón de “ coco “o de “heno de Pravia “ en el lavabo, me encantaba, lavarme las manos con la pastilla de jabón dándole vueltas y vueltas entre mis manos hasta obtener  una espuma blanca que parecía los merengues que hacía mi abuela, era muy divertido. El olor a “ La banda “ de la ropa limpia recién sacada del tendedero  eran muy agradables, esos olores han quedado en mi subconsciente.

En una ocasión mi abuela me dijo  que cuando era niña, los olores de su casa eran inequívocos, pues también deducía lo que se estaba cocinando en su casa por los olores,  y me preguntó…
¿Tú has notado los olores de tu casa?,- Si, yaya, yo conozco los olores de mi casa igual que tú recuerdas los de la tuya..

Hoy, cuando estoy cocinando,  el olfato me recuerda aquellos olores de antaño, y me viene a  la memoria aquella imagen  de la cocina con mi madre y yo cantando;  es como  una fotografía instantánea. Son cosas que no se olvidan aunque quieras. Las personas recordamos cosas desde la más tierna infancia, hasta nuestros  días; sin embargo no recordamos lo que comimos hace dos días, debe ser porque son hábitos cotidianos a los que no damos importancia, sin embargo otras cosas como los olores, quedan en nuestra mente para siempre.

Neus Navarro

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des 22

Aquests dies en que tothom corre frenètic per el carrer, de botiga en botiga i amb la targeta de crèdit traïen fum, no puc deixar de comparar-los amb els dies de la meva infantesa. Recordo que l’àpat de Nadal era tota una festa a casa nostra. Jo era conscient que els preparatius començaven quant l’avia i la mare buidaven l’armari del menjador per neteja tota la cristalleria i la vaixella – que nomes sortia a taula un cop a l’any-.

Aleshores els meus ulls d’infant s’enlluernaven veient aquelles meravelles que les dones de la casa guardaven en tanta cura al fons de l’armari. Els plats els havia aconseguit l’avia comprant paquets de detergent per la roba. Per cada paquet comprat et regalaven un plat. Les copes de cava les havia comprat la mare a uns magatzems on tenies que portar unes llibretes amb uns cupons que et donaven a les botigues del barri quan anaves a comprar. Me n’havia fet un fart jo d’enganxar cupons. I llavors sortien d’aquell meravellós armari les peces de vidre que l’avi havia portat de la fàbrica on treballava: el càntir vermell amb dibuixos geomètrics de color blanc, el peix de colors, la sucrera de vidre de color àmbar, dos gerros de color blau amb sanefes platejades… s’acostava Nadal. LLegiu-ne més »

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