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patinete-pequenoDebía yo tener unos 7 años, y después de quevarios díasatareado y sofocado, destrozando maderas que acribillabaa martillazos con clavos torcidos -intentando construir un patinete,- mi padre se compadeció de mí.

Me preguntó qué estaba haciendo, decidió echarme una mano y me dio una nota con unas medidas para el carpintero, quien cortó unas tablas gruesas y pulidas.

Mi padre hizo una bisagra de hierro a medida, para unir la base con un pasador al manillar, y me encargó fuera a comprar -cosa que hice debidamente escoltado por mi madre,- unos cojinetes de acero, a los Encantes Viejos, que serían las ruedas.

Dedicamos el fin de semana a montarlo; a montarlo él, mientras yo observaba. Todo iba encajando a la perfección: una base de madera ancha y resistente para subirme en ella, un manillar muy ligero, tres cojinetes de acero,ejes a medida,… todo iba cogiendo forma.

Para mi sorpresa, había previsto una caja cuadrada del ancho del patín, abierta por arriba, para llevar la merienda, la peonza, los cromos o lo que quisiera poner. O sea: un maletero.

Y para darle el toque final, montó cogido al manillar una pieza de hierro para llevar una pila “de petaca”, que daba luz a un frontal de linterna, que se encendíamediante una pequeña palanca de contacto.Y un timbre de bicicleta. Aquello ya era, el no va más: una gozada.

Era unartilugio perfecto: una especie de Fórmula 1 de los patinetes. Con los cojinetes engrasados,volaba con toda la “tropa garlopa” de amiguetes por las aceras y calles de La Sagrera, precedidos por una nube de ruido ensordecedor que nos anunciaba de lejos.

Lanzados a todo meter, vigilandoa la vez que “los guripas”-así llamábamos a la Guardia Urbana,- no nos alcanzaran y confiscaran nuestros codiciados medios de transporte ydiversión, construidos con tanto esfuerzo.

Recuerdo mis primeras salidas, cuando los demás,asombrados, me preguntaban:

- ¿Dónde lo venden?.
A lo que yo replicaba, con orgullo:
– ¡Me lo ha hecho mi padre!.

Hoy, ya con la perspectiva del recuerdo, una vez máste digo: ¡Gracias mi Antoñito!. El regalo no estaba en el juguete, sino en la disposición, encompartir, en el hacer y en el sentir. Y ahí fuiste siempre alguien fuera de lo común; un verdadero Fórmula 1.

 

“El patinete de madera”

por Javier de la Casa.

(07.Mar.2015)

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4 Comentaris a “El patinete de madera”

  1. Rosa escrigué:

    Hola Javier, m’agradat molt el teu escrit per la tendresa i l’afectivitat que descriu envers el teu pare. Es maco tenir un record tan dolç i agradable que ens ajuda a tirar endavant i a seguir el “model” del nostre progenitor. Gracies per aquest regal.

  2. Xavier escrigué:

    És un sentiment íntim, que res més es pot agrair mitjançant l’apreci envers la persona que va aconseguir, que aquest es produís.

    M’alegra que t’agradés.

  3. Magui escrigué:

    Somos afortunados los que gracias a nuestras relaciones personales mantenemos bonitos recuerdos.
    Un precioso homeja a tu padre Javier
    Un abrazo

  4. Mª Jesús Mandianes escrigué:

    No hay regalo más entrañable que el que realiza uno mismo, porque pone mucho más que el dinero, pone sobre todo el cariño que demuestra a la persona obsequiada. Y ¿Que hay más grande y más autentico que el amor de los padres a sus hijos?
    Ese patinete se merece estar en el baúl de los recuerdos más bellos, los de la infancia.

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