feb 12

lago10Solo pensaba en las vacaciones. Cuando llegaba agosto escapar de la vorágine de la ciudad era mi única preocupación. Poseído por el espíritu de funcionario de medio pelo, me daban igual los expedientes sin tramitar acumulados en mi despacho. A las dos de la tarde cerré la ventanilla y marché directamente a la estación de cercanías de Alexanderplaz, donde me esperaban Astrid y Katia con las maletas preparadas.

Durante el trayecto apenas me detuve a leer los titulares de la prensa. El Bild, alertando una vez más sobre la grave crisis política que amenazaba de nuevo a Alemania, parecía dispuesto a amargarnos las vacaciones. Cerré el diario exasperado. Después de pasar el año ahorrando para alquilar un dacha a orillas del lago Templiny, no íbamos a dejar que “una serpiente de verano” nos amargara.

  • ¿Qué sucede Bertold?

  • Nada Katia, este maldito tabloide se ha convertido en una novela de terror.

  • Papá, en la Universidad dicen lo mismo, Rusia quiere frenar como sea la fuga de ciudadanos. Hermann y su familia se fueron hace un mes.

  • ¡Callate ya Astrid! No ves que estas asustando a tu madre.

Una hora después llegamos a Potsdam, el ajetreo de las maletas y la organización de la cabaña pareció diluir la preocupación. Por fin instalados, dejamos que los días transcurrieran tranquilos.

Me sentía feliz retratándolas mientras compartían confidencias sentadas al borde del embarcadero, o saludándolas desde la barca, donde pasaba las horas intentando pescar, mientras ellas riendo me gritaban:

    • ¡Tenemos hambre ! ¿Donde está la carpa que vamos a cenar?

Pero los acontecimientos se precipitaban, ya no podíamos eludir la realidad. El diez de agosto del sesenta y uno las noticias en la radio eran alarmantes, se hablaba sin pudor de la construcción de muro para “protegernos del capitalismo alienante”. 

Astrid se negaba a vivir encerrada en una ciudad dominada por la “burrocracia rusa”. Hermann le había escrito pidiendole que se reuniera con él en Munich. Le había llenado la cabeza de fantasías sobre las maravillas del paraíso occidental. Encolerizado traté de hacerle entender que en Berlin tenía un trabajo y un sueldo seguro – ¡Para toda la vida! – ¡Yo era su padre! – uno de esos “burrócratas” de los que se burlaban.

  • ¡Vámonos mientras podamos!. ¡La abuela nos acogerá!

  • ¿Y de que vamos a vivir todos? ¿De la pensión de tu “oma”?

No volvimos a sacar el tema. Dos días más tarde al despertar no las vi. Pensé que estarían disfrutando del amanecer a orillas del Templiny. Después de preparar el desayuno encendí la radio. La voz grave de un locutor anunciaba la prohibición de salir de la “linea de protección”, con la advertencia de que los soldados tenían orden de disparar.

Impresionado por la noticia me senté dirigiendo la mirada sobre la mesa, entonces descubrí una nota donde me decían adiós. Enloquecido salí en su busca. A lo lejos vi una pequeña barca con dos siluetas remando acompasadamente, intentaban alcanzar la orilla opuesta. De pronto, rompiendo el silencio de la mañana, la ráfaga brutal de una metralleta pintó de rojo la superficie del lago.

Su recuerdo es solo una foto desvaída, donde los colores carecen de significado. Como siempre, Astrid y Katia me dan la espalda, inmóviles, sentadas al final del viejo embarcadero. Las dos en silencio, mirando el horizonte gris, sin una nube el cielo, ni siquiera el aleteo de un pájaro rompiendo la monotonía del paisaje.

El lago es una superficie opaca, donde el agua se ha teñido de matices metálicos. Los árboles, naturaleza muerta, parecen un decorado de cartón piedra.

El tiempo se detiene en ese instante. Deseo tanto que regrese el movimiento, que de pronto sus rostros se vuelvan hacia mí sonriendo y alzando la mano me saluden invitándome a acompañarlas:

  • ¡Bertold deja la camara y ven! ¡Se está también aquí!

No se cuanto hace que espero para poder hablar con ellas, derramando todo el dolor acumulado desde entonces. Pero la imagen comienza a borrarse, voy a perderlas para siempre.

Ahora comprendo que debo de regresar al lugar donde comenzó la pesadilla. Aqui de nuevo, escucho sus voces llamandome, y corro a través de la pasarela persiguiendolas hasta el fondo del lago. Solo en la sima más profunda se puede hablar con los muertos, solo allí las volveré a ver.

Mª jesús Mandianes

Share and Enjoy:
  • Facebook
  • Twitter
  • Print
  • email

Fes un comentari

  • Blogueres de Sant Martí

    Les Blogueres de Sant Martí som un grup de dones que es forma a partir del taller: "La teva veu a internet". Hem creat una finestra oberta a totes les persones on poder reflectir les nostres inquietuds sobre el que succeeix al nostre entorn.

  • Amb el suport de:

    www.xarxantoni.net
    Xarxa Comunitària de Sant Antoni
    www.farinera.org
    La Farinera del Clot

    EAMP
  • Sobre aquesta web:

    Valid XHTML 1.0 Transitional [Valid RSS]

    Aquesta web ha estat desenvolupada per www.femweb.info; utilitzant PHP, XHTML, CSS i JavaScript. Powered by WordPress