abr 06

luciernagasRecuerdo caminar siendo pequeño por caminos del Alto Ampurdán, bordeando la costa y sus hermosas calas teñidas con un imponente mar glauco, mezcla de azul ultramar y verde esmeralda; al oscurecer, las lindes del camino y según lo apacible que fuera el tiempo, se llenaban de pequeñas luces verdes y brillantes, procedentes de las luciérnagas.

 Tienen forma de gusano anillado, y su nombre al parecer procede del latín lucérnula que es un diminutivo de lucerna (luz). De día tienen toda la presencia de un gusano común, y los machos son de color grisáceo.

 A los pequeños nos resultaba un animalillo tremendamente atractivo, y además eran muy fáciles de coger, siempre con sumo cuidado para no dañarlas; en ocasiones las teníamos uno o dos días en casa para observarlas, dentro de un bote o una cajita de cerillas, y las devolvíamos después a la naturaleza –yendo camino al colegio,- para que siguieran su curso.    Siempre decíamos, que sus madres seguro que las estarían esperando.

 Las hembras -que son las que más luz dan,- emiten por los últimos segmentos abdominales esa luminiscencia de luz verde-amarilla intensa que las hace tan características; son de color crema, y se mueven lentamente. Al parecer se alimentan de caracoles.

 Para los niños era algo sorprendente y enigmático, el hecho de poder observar cómo un gusano podía tener luz propia, y alumbrarse con ella para andar.   Al recordarlas, me sonrío pensando en los leds, que ahora nos presentan como una de las últimas creaciones de luz más avanzadas, pero que siguen sin generar su luz.

 Hace unos pocos años -ya siendo adulto,- pude ver algunas pocas y desperdigadas, después de años de no haber vuelto a encontrar ninguna.   Me alegré, las observé, y las dejé en su medio natural sin atreverme a molestarlas.

 Me pregunto qué habrá ocurrido, para que no haya vuelto a encontrar aquellas colonias numerosas que nos alumbraban el camino. ¿No tendrán caracoles que comer,… las aves las han aniquilado,… el cambio climático las ha perjudicado,… han emigrado a otros lugares,…?.

 Si algún día os tropezáis con alguna, devolvedla con cariño y con cuidado al lugar donde la hallasteis, y si vais acompañados de un niño, ponedles una cuando está iluminada, sobre la palma de la mano y observad el semblante del niño.

Puede que algún día las luciérnagas os lo agradezcan, e iluminen vuestro camino.

 

Javier de la Casa Serra

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