jun 23

Soledad, vestida de negro, oculta la mirada bajo el ala oscura de su sombrero ignorando el crepúsculo anaranjado que se dibuja en el cielo. Fijos los ojos en la prosaica realidad de unos documentos que reducen la vida a la fecha de nacimiento y de la muerte, se niega a alzar la vista para contemplar, quizás por ultima vez, el viejo puente de piedra y los bosques de árboles centenarios que el ocaso del día ha transformado en imprecisas manchas grises, convertida ella misma en un singular “árbol vencido” por la pena y el abandono.

Consciente de la trágica perdida siente que ha muerto una parte de su ser y quiere huir dejando atrás el pasado, espejo quebrado en multitud de cristales, donde el recuerdo reproduce obstinado imágenes de una muchacha alegre con la que apenas consigue identificarse. Ahora es una mujer vestida de luto que inicia un viaje sin retorno hacia una vida nueva intentando olvidar una voz, unas manos, los proyectos compartidos … intentado superar el terrible vacío de la ausencia definitiva con el único consuelo de esa palabra que tantas veces ha escuchado: Resignación.

Cae la noche y el tren sigue avanzando en medio de la oscuridad, ajeno a la carga de dolor del vagón donde la figura de Soledad permanece sentada con hierática elegancia en su compartimento de segunda clase. La luz amarillenta de un quinqué insiste en iluminar el acta de defunción que sostiene entre las manos, el carmín rojo de sus labios no puede disimular un rictus de amargura, el ala oscura del sombrero no consigue ocultar la incredulidad y el dolor que transmite su oculta mirada.

La tenue iluminación del compartimento 1938 esboza una imagen en verde y negro desprovista de movimiento, en extraño contraste con la velocidad del ferrocarril que conduce a los viajeros a miles de kilómetros de su origen. Enfrentados todos a la incertidumbre del destino, sus sombrías miradas transmiten soledad no deseada que intentan ocultar bajo el “ala de un sombrero” sin conseguir disimular la forzada condición de seres solitarios.

Mª Jesús Mandianes

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3 Comentaris a “Soledad en el tren nocturno”

  1. Neus Navarro escrigué:

    Mª Jesús, la foto es la indicada, ya que de ella hablas.

  2. Fco. Javier escrigué:

    Me ha gustado el texto… no sé si en el proceso creativo la imagen inspira al texto o si, por el contrario, al texto le “buscas” luego la imagen. Supongo que la primera opción… En cualquier caso, con tu permiso (y citando siempre la autoría y la fuente) he incorporado el texto en mi blog en la sección de Pinturas. Nací en Sant Martín, viví en la calle Guipúzcoa frente al vetusto Cine Levante… ahora en L’Hospitalet. Ánimo a todas, tenéis un bloc muy chulo y coquetón.

  3. Mª Jesus Mandianes escrigué:

    Javier Interesante reflexión sobre el proceso creativo que provocó este texto. Encantada de que lo incorpores a tu blog, si nos das la dirección lo visitaremos. En el ciberespacio, que compartimos, es interesante tener buenos vecinos ¡¡¡
    Saludos cordiales

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