jun 15

pareja (Magui)Alberto abrió su regalo y la decepción se apoderó de su rostro, llevaba muchos años pidiendo a sus padres algo que creyó que hoy se cumpliría. Por fin alcanzaba la mayoría de edad y aunque a partir de ahora no precisaba de su permiso para tomar decisiones, necesitaba más que nunca su apoyo, lo necesitaba para poder ser feliz.

 Se miró al espejo y con un gesto de consuelo intentó evitar que se notara como las lágrimas intentaban salir de las cuencas de sus ojos. No quería aguar la fiesta a nadie pero se sentía tan mal que a pesar de hacer un gran esfuerzo solo consiguió dibujar en sus labios un esbozo parecido al de una sonrisa.

 Alberto se había gestado y criado en un ambiente de mucho amor y complicidad. Tan sólo dos años después de su nacimiento, su madre sufriría un aborto. Le afectó de tal modo que la dejó incapacitada para volver a ser madre. Esa situación le costó una depresión que duró varios años rompiendo así la buena relación familiar y su atención hacia Alberto. Durante esa época el niño se sintió sólo convirtiéndose en un ser introvertido y de semblante algo triste.

 Pasado un tiempo las aguas volvieron a su cauce y Alberto recuperó su privilegiado lugar de primogénito e hijo único. La vida transcurría con normalidad hasta que un buen día regresó del colegio con un ojo morado y unos cuantos moretones repartidos por su estilizado cuerpo. Ante la insistencia de sus padres rompió a llorar y entre ahogos y sollozos explicó lo que había sucedido. Estupefactos y asombrados no supieron reaccionar. Hubo un cruce de miradas y decidieron dejar el tema  para más tarde y dedicarse a curar las magulladuras al pequeño.

 Amaneció un día gris y con ventisca propio del otoño, en la cocina Alicia preparaba el zumo de naranja, el café y las tostadas, escuchó a Tomás bajar los peldaños de la escalera que comunicaba con el dormitorio, se restregaba los ojos, siempre hacía eso  cuando pasaba una mala noche. Miró a su mujer y sin mediar palabra tomó la taza y comenzó a sorber el café. Ella le preguntó que pensaba de lo que Alberto les había explicado el día anterior, el bajando la cabeza musitó

 -¿Qué hemos hecho mal?

-No lo sé.

-¿Ha bajado a desayunar?

-Todavía no.

-Bien, hablaremos con él y le haremos entrar en razón. No puede ser verdad, seguro que es algo pasajero, se le pasará ya verás…

-Eso espero, no se lo pienso tolerar.

 Estaban tan inmersos en su conversación que no repararon en la presencia del chico que estaba apoyado en el marco de la puerta sosteniendo en la mano una bolsa de viaje. Había escuchado la conversación de sus padres y sin mediar palabra se acercó a la puerta de salida y se alejó.

 -¡Alberto! _ grito Alicia_

-Déjalo, ya volverá.

-No sé Tomás, tengo la impresión de que esto va en serio, quizás deberíamos intentar entenderlo y aceptarlo tal y como es.

-No, es imposible no pienso tolerarle un capricho más.

-Es que no creo que se trate de un capricho…

 Alberto cogió un tren que lo llevaría al pequeño pueblo costero en donde vivía el tío Matías, hermano de su padre. Aunque hacía muchos años que no lo veía estaba seguro de que lo iba a entender y sin duda alguna lo acogería durante el tiempo necesario para encontrar trabajo y conseguir la autonomía que necesitaba.

 El tío Matías había sido la oveja negra de la familia de su padre solo por el hecho de ser diferente, luchó siempre por sus ideales y defendió siempre todo aquello en lo que creía. Eso le costó el destierro familiar y precisamente por ello Alberto lo admiraba e idolatraba. Nunca había dejado de tener contacto con él y lo visitaba a escondidas, a espaldas de sus padres.

 Llegó a casa de su tío y después de un efusivo abrazo se sentaron a charlar. Alberto puso al día a Matías el cual le ofreció quedarse todo el tiempo que fuera necesario.

 Pasaron los meses durante los cuales el chico encontró un trabajo que le permitía pagar sus estudios. La convivencia con su tío era de lo más fluida al contrario de la de sus padres.

 Después de mucho meditarlo con el apoyo de Matías, Alberto se sometió a la operación que tanto tiempo llevaba esperando. A pesar del riesgo y la dificultad que encerraba, se recuperó en un corto espacio de tiempo y comenzó a sentirse como era realmente.

 Se integró perfectamente en su nueva vida, se sentía feliz cuando de forma inesperada se presentaron sus padres con la intención de persuadirlo de su intención y llevarlo de regreso a casa. Sin duda igual que la naturaleza se equivocaban, ya era tarde. Alberto había dejado paso a Berta y ella no estaba dispuesta a renunciar a su vida y a su felicidad por nada ni por nadie.

Magui Turnes

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7 Comentaris a “Un viaje de ida”

  1. Ferran Guardiola escrigué:

    No siempre los padres acertamos, el exceso de proteccionismo hacia nuestros hijos nos ciega, imponemos la imagen perfecta a nuestro modo y semblanza.
    Tu relato penetra, araña las fibras sensibles del lector.
    Magui, no dejas de sorprender,
    Gracias, saludos
    Ferran

  2. Magui escrigué:

    Gracias Ferran es cierto a veces los padres nos empeñamos en proyectar nuestros deseos en los hijos casi siempre por que nos da miedo que les hagan daño y sin darnos cuenta que ese miedo en ocasiones les causa un dolor mayor. Creo que se deben respetar no sólo como hijos si no como individuos y personas que son libres de elegir.
    Un abrazo

  3. Esther escrigué:

    ¡Hola Magui!Has escrit un relat increible. M’ha agradat moltissim. L’has narrat amb una senzillesa que fa que et fiquis a dins de la história enseguida. El tema em semba molt acertat. Sempre he pensat que ha de ser una de les frustracions mès grans per una persona el haber nascut amb un cos que no sents com teu, no em puc imaginar l’angoixa que ha de ser. Un petonas guapa.

  4. Magui escrigué:

    Gracias Esther pienso que a veces la manera de hacer entender situaciones difíciles es utilizar la forma más sencilla ojalá que todo el mundo fuera capaz de plantarse lo que tu te planteas y recapacitar sobre lo fácil que resultaría aceptar a los demás tal y como son, así sencillamente.
    Un besito

  5. Pilar Zabala escrigué:

    Magui, has fet un bon relat d’un tema que sempre resulta punyent i molt sensible i l’has resolt amb delicadesa, però també amb molta rotundidat i fermesa. Sàpigues que m’ha agradat molt i és per això que et felicito.

    Una abraçada

  6. Nelly escrigué:

    Que pena que los padres antepongan sus recelos, sus miedos, sus cuestionables moralidades, no se puede perder a un hijo, el mayor tesoro que la vida puede darte, Alberto o Berta que más da, su felicidad debe ser lo primero y el amor de sus padres por encima de todo. Gracias, preciosa historia.

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