jun 22

En el programa “Singulars” dirigido y presentado por el periodista Jaume Barberá, en su entrevista al Neurocientífico D. Francisco José Rubia, Catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid y experto en fisiología del sistema nervioso, éste manifestaba que los humanos tenemos una visión subjetiva sobre nuestra libertad individual.

De hecho, manifestaba que el ser humano no tiene en realidad la libertad que a él le parece tener cuando decide, dado que su sensación subjetiva de libertad está condicionada por la participación previa de la función inconsciente del cerebro; y es por ello, que la valoración subjetiva del individuo sobre su propia libertad, no se corresponde con la realidad.

A tenor de lo dicho, podríamos establecer que la libertad percibida es una ficción o interpretación referida a la actividad consciente de nuestro cerebro, dado que antes de tener la consciencia de decidir, nuestra parte cerebral inconsciente ya se ha definido o ha establecido sobre cual ha de ser la decisión a tomar.

Siguiendo este mismo planteamiento, cuando los individuos creemos que decidimos conscientemente, nuestro sistema inconsciente ya ha realizado previamente su análisis, y se ha decantado por cual debería ser nuestra decisión.

Esto refuta la atribuida capacidad de decisión libre y consciente del ser humano, por cuanto éste se halla predispuesto por sus propias estructuras y funciones cerebrales inconscientes, que al actuar de forma autónoma respecto a las controladas de forma consciente, las predisponen.

Y esto nos lleva a avanzar un poco más allá en el planteamiento, y preguntarnos: ¿Cuando hacemos uso de nuestro libre albedrio que nos permite decidir, lo hacemos decidiendo después de haber podido evaluar las distintas las posibilidades que influyen en cómo se plantea la posible decisión, o solamente decidimos entre algunas alternativas limitadas?.

Esto es sumamente importante, porque si decidiéramos siempre sobre un abanico suficientemente representativo de las distintas alternativas posibles que se nos plantean antes de tomar una decisión, lo estaríamos haciendo utilizando de una forma más completa nuestra capacidad de hacer uso de ese libre albedrio.

Pero si solo se podemos decidir entre un número limitado de alternativas, estaremos reduciendo nuestra capacidad de decisión a un abanico extremadamente restringido y poco representativo: en muchas ocasiones llegamos al extremo de tener que decidir entre una posibilidad determinada y su contraria, o entre un si y un no, con lo que estamos ante una versión manipulada y por lo tanto pervertida de la capacidad de decisión original.

Ello nos recuerda la alternativa que se atribuye le ofreció el Sr. Ford, a un cliente que se quejaba de que no podía elegir un color para el coche Ford T que quería comprar.

Dicen que la respuesta fue: Claro que puede elegir, siempre que elija el color negro.

Este sería el caso más extremo de manipulación, porque la elección de color estaba concretada a uno solo y la decisión quedaba limitada finalmente a la posibilidad de comprar o no el vehículo, pero no a la elección del color.

Por ello, cuando nos hallamos en una situación de decidir entre dos únicas alternativas, o en limitarnos entre un si o un no, no es verdad que hagamos uso de una libre capacidad de elección, porque si ésta elección está limitada a dos únicas posibilidades quiere decir que la decisión está viciada de inicio, porque limita directamente cual va a ser el resultado final.

Cuando en política se arbitra la posibilidad de decidir básicamente entre un partido de un determinado color y su contrario, sin otras alternativas que tengan un peso representativo, estamos entonces decidiendo entre dos únicas opciones, y a eso no se le puede llamar democracia o libertad, en un sentido estricto.

Si a ello añadimos que tanto un partido como otro pueden acabar tomando idénticas medidas, es como si la capacidad de decisión de elección se redujera solo al hecho de votar, pero no de influir en el resultado final en ningún sentido.

Se tiene la capacidad de votar, pero no de elegir.

Ocurre lo mismo con el resto de decisiones personales que toma un individuo: si no hay alternativas suficientemente representativas y de valor específico proporcionado, cuando se limita la elección entre dos de ellas, sin considerar las demás, no deja de ser solo una elección ficticia realizada sobre una base utópica, y por lo tanto falta de validez.

Ello nos lleva a la fase de inicio: la información y el conocimiento de quien decide. Este es básico, para poder valorar la influencia de las distintas alternativas que se presentan, y en función de ellas y del conocimiento personal de quien decide, se establece con su decisión, el resultado final a conseguir.

Todo lo que sea limitar, alterar o variar los componentes, acaba influyendo en la calidad del resultado final, independientemente de que la decisión tomada haya sido más o menos acertada o equivocada.

Javier de la Casa Serra

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Un comentari a “Sobre el “Libre albedrío”: “Libertad de elegir” versus “Libertad de Decidir””

  1. Neus escrigué:

    Sr. Javier, he leído con atención su escrito y lo he encontrado muy interesante, por lo que estoy de acuerdo en su exposición del tema.

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