jun 21

La imagen de la mujer del siglo XXI considerada como un sujeto de pleno derecho desde el punto de vista jurídico y social, con una independencia económica conseguida a través de su integración en el mundo laboral y capaz de romper con los esquemas tradicionales, entra en contradicción con la realidad de un sector de la población femenina no tan minoritario pero si olvidado y marginado: las mujeres viudas.

Al trauma que sufrimos por la muerte de nuestro compañero van unidos un conjunto de daños colaterales que hacen que el mundo se derrumbe a nuestros pies. En el aspecto económico, aún en el caso de realizar un trabajo remunerado, nuestros ingresos se reducen a menos de la mitad. La situación empeora cuando nos hemos dedicado exclusivamente al trabajo domestico, después de llamar a infinidad de puertas en busca de trabajo, acabamos realizando cursillos para señoras mayores de 45 años con tres meses de prácticas sin sueldo en cualquier empresa, tras los cuales nos dan las gracias añadiendo que les interesa personal más joven. Con la autoestima pisoteada nos resignamos a sobrevivir con pensiones miserables pasando el año haciendo números, coleccionando cupones descuento y buscando ofertas en los supermercados para poder llegar a fin de mes.

Y es que en este País nuestro tan igualitario nos encontrarnos con lo siguiente: Si muere la esposa o compañera de un pensionista, este sigue cobrando el 100 % de su pensión pero si muere el pensionista, las viudas cobramos entre el 52 y 70 %, que supone una media de 540 euros al mes, lo que nos convierte en las más pobres de Europa. Es con la viudedad donde se ve más claramente que las mujeres seguimos existiendo con “relación al otro“, la ausencia del varón nos convierte civilmente en ciudadanas de segunda, mientras que en el ámbito familiar todavía corremos el riesgo de que las propias familias traten de arrebatarnos nuestros derechos patrimoniales o de quedar relegadas al cuidado de los enfermos y ancianos de los parientes. El problema se agrava en el caso de las viudas mayores, convencidas de que no son nadie desde la desaparición de su pareja y con frecuencia solas, pueden ser victimas de multitud de abusos.

La superación real de la discriminación contra la mujer solo se conseguirá mediante una formación practica que nos pueda dar plena autonomía a través de la integración en el mundo laboral con igualdad de oportunidades y salarios. Protegiendo especialmente los sectores de la población femenina en especial riesgo de pobreza y exclusión social, en las esferas política, económica, social y cultural, con independencia del estado civil.

Mª Jesús Mandianes

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2 Comentaris a “Viudas olvidadas”

  1. Marilís Rodríguez escrigué:

    ¡Un buen artículo!. Reflejas una realidad social de la que no se suele hablar. Ánimo para seguir adelante y un abrazo a todas estas mujeres tan valientes y luchadoras.

  2. Mª Jesús Mandianes escrigué:

    Gracias Marilís. La realidad es que tras los pesames y condolencias, muchas de estas mujeres han de aprender a sobrevivir rozando la pobreza severa, sin que “el estado social” ni la propia familia muevan un dedo para solucionar esa injusticia.
    Un abrazo

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