nov 26

Dejó caer su vestido de seda estampado sobre el sofá de suave terciopelo verde que había en la habitación, medio desnuda Camille tomo su  diario entre las manos estaba dispuesta a escribir  la última página y cerrarlo para siempre, partir lejos y olvidarlo allí como único legado que a modo de herencia dejaría a su madre. Su historia, su vida, la de verdad, una vida llena de engaños, mentiras y frustraciones. Necesitaba que Charlotte (su madre) lo  supiera.

Se sentía vacía más sola que nunca. Aquel pequeño diario de tapas rojas y letras troqueladas en oro era su único confidente, solo a el era capaz de confesarle todo lo que pasaba en su vida, con el estaba segura, tranquila. Había preparado su pequeño maletín de cuero marrón desgatado por el paso del tiempo, con lo que creyó que sería suficiente: una muda, un viejo camisón blanco de raso adornado con una delicada puntilla de organza en las sisas que su abuela le había regalado, un neceser con los utensilios de aseo y aquella pequeña botellita de cristal tallado y boca de plata grabada que contenía su perfume favorito, nunca lo había utilizado lo guardaba para una ocasión especial que no llegó, no necesitaba nada mas, nada le pertenecía ni nada quería de aquella casa, de aquel lugar que le había hecho sentir tan desdichada.

Llegó siendo apenas una niña su padre había fallecido, quedó enterrado entre piedras y polvo de carbón en la galería de la mina donde trabajaba. Su madre tuvo que arreglárselas para poder mantenerla y sacarla adelante, después de un sin fin de intentos frustrados acabó encontrando un lugar donde poder vivir y un trabajo de planchadora  en la casa de lord Blake, un aristócrata inglés que después de sufrir el abandono de su mujer, (la cual se había escapado con un músico de “mala reputación”…), no pudo soportar la vergüenza y decidió afincarse en París lejos de su Londres natal. Lord Blake acabó siendo el carcelero de Camille.

A modo de caridad y con el fin de limpiar su mala conciencia, Blake se hizo cargo de  la educación de la niña, hasta que tuvo la edad y altura necesaria para ponerla a  trabajar en el jardín que había detrás de la casa, separado por una valla de madera blanca que tantas y tantas veces se había visto obligada a saltar aterrada, escapando de la persecución y abuso de Lord Blake.

Lo único que echaría de menos seria la habitación, aquel cuarto que durante tantos años había sido su casa, su refugio y su morada. Aquellas cuatro paredes pintadas de blanco y amarillo en perfecta armonía, la cama donde las noches se hacían interminables por la vigilia que Camille soportaba por miedo a ser asaltada, sorprendida en su sueño. A pesar de todo era el único lugar donde se sentía tranquila y a salvo ya que nunca se acostaba sin echar el cerrojo de la puerta. Aquel cuarto guardaba secretos que para ella eran inconfesables, cuantas veces tuvo que dar la vuelta a su almohada humedecida por las lágrimas que debía ahogar en silencio para que nadie en la casa pudiera escucharla, por eso sentía la necesidad de compartirlos con su diario, que se quedaría allí, guardándolos para siempre.

A su madre no la culpaba, es mas intentaba justificar su ceguera, de este modo se sentía mas aliviada al fin y al cabo también Charlotte había sido victima de la sociedad y de las circunstancias. Sentada en la cama, Camille cogió  la pluma y comenzó a escribir la que seria su última página en el diario.

Querido diario:

Hoy es un buen día, son las 17:00h la hora del té, ya sabes aunque estamos en París Lord Blake no ha perdido sus costumbres Anglosajonas lo que me permite disponer de un par de horas libres antes de cenar.

Ya estamos en otoño y lógicamente en París hace  frío, un día gris de un cielo tan espeso y plomizo que da la impresión de poder alcanzarlo con la mano y coger un trozo, el viento juguetea con las hojas que han ido desnudando a los árboles. En el jardín hay mas trabajo que nunca.

Miro a través del cristal de la ventana y veo como esporádicamente pasa algún caminante acompañado de su paraguas, sujetando su bufanda por miedo a perderla. Parece como si el mundo se hubiera quedado casi vacío, solo el silencio se deja oír.

Ayer hablé con mamá, le dije que me gustaría marcharme lejos de este lugar y ella con ojos de mirada hueca y gesto de asombro no acertó a hilvanar palabra, dejó pasar unos minutos  y  preguntó -¿A dónde? – lejos, respondí…

-Se escucharon unos leves golpes en la puerta lo que provocó que Camille dejara de escribir y no sin antes asegurarse de quien estaba detrás, giró el pomo dejando entreabrir la puerta, era Emilie la doncella de Lord Blake, una mujer de aspecto tosco y tétrico que el verla siempre le producía una especie de escalofrío.

-Camille, me envía Lord Blake dice que baje usted

-¿Ha sucedido algo, algún problema en el jardín?

-Solo me ha dicho que baje

-Está bien, dígale a Lord Blake que enseguida bajo

-Apresuradamente se colocó el uniforme y bajando las escaleras a mas velocidad de la que podía se presentó ante el

-Usted dirá Lord Blake

-Sin mirarla a la cara masculló, Camille te mandé llamar porque…

-En ese momento alguien que no conocía irrumpió en la sala y acercándose a Lord Blake le susurro algo al oído  que no llegué a escuchar, pero debía ser importante ya que salió de estampida sin mediar palabra.

Después de cenar, como de costumbre Camille paso por el dormitorio de su madre que ya estaba acostada y también como de costumbre la beso en la frente y le dio las buenas noches, caminó de puntillas sobre la madera del pasillo que la conducía a su cuarto y casi a hurtadillas entró sin hacer ruido. Se sentía cansada, pensó que se había hecho tarde se quitó el uniforme y decidió abrir su maletín de cuero marrón desgastado por el paso del tiempo, buscó dentro su neceser de aseo, dejó con cuidado encima del tocador que tenia enfrente la botellita de cristal tallado con boca de plata grabada, dejó notar en  su cuerpo la suavidad de raso del camisón que su abuela le había regalado, y decidió que ya  era hora  de estrenar el perfume que durante tanto tiempo había reservado lo abrió y dejó caer unas gotas en los dedos, se dio un toque detrás de cada uno de los  lóbulos de las orejas y en las muñecas. Antes de acostarse pasó su mano por su sombrero de paño y dejó en su sitio los zapatos de salón negros, los de salir (no tenia otros), cerro su diario rojo que nunca volvería a abrir y se dejó caer en la cama, antes de dormirse pensó que siempre había vivido acompañada por la soledad. Nunca abandonó aquel cuarto.

Magui Turnes

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6 Comentaris a “El diario de Camille”

  1. Pilar Zabala escrigué:

    Me ha encantado esta história, la descripción y los detalles estan tan cuidados que dan la sensación de realidad y el hecho de que el desenlace quede sin definir con claridad me ha parecido una gran idea, así cada uno deja volar su imaginación. Te felicito

  2. margarita turnes escrigué:

    Gracias Pili la verdad es que disfruté escribiendo esta historia.
    Besotes
    Magui

  3. Mª Jesús Mandianes escrigué:

    Una historia de suspense y con morbo. Me pregunto ¿Que indujo a Camille a quedarse viviendo con aquel pervertido? … Espero que algún día sigas el relato y desveles el secreto.

  4. margarita turnes escrigué:

    pretendia crear la intriga en el lector, dejar en suspense el final me pareció una buena opción para que cada uno dejara volar la imaginación y le pusiera el que mas le gustara…quien sabe algún día puede que desvele mi final.
    besotes
    Magui

  5. Ma. jesus asto robles escrigué:

    hola margarita te felicito me parece una historia increible haces que el lector imagine los los hehos conforme va leyendo te felecito .un besito.

  6. margarita turnes escrigué:

    Gracias Mª Jesús esto me da ánimos para seguir intentándolo
    besotes
    Magui

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