nov 19

el retreteHasta donde alcanza mi memoria, la habitación más importante en mi casa fue ese habitáculo íntimo, el más íntimo donde los haya, el cuarto de baño, el wáter, el retrete, el escusado en época de mis padres. No había problema de metros cuadrados, ya que teníamos baño y aseo y no eran pequeños. Ya sé que muchos estaréis pensando ¡Que privilegio!, pero dejarme que os cuente: esos espacios comunes debían repartirse entre diez, si, entre diez personas, las que formábamos la unidad familiar Así que debíamos entrar como mínimo de dos en dos para poder llegar a tiempo a nuestros puestos de trabajo algunos, y al Instituto y al colegio los otros.

Aquella habitación fue el inicio de muchas cosas. En aquel digno trono se fraguaban las historias más sorprendentes que uno puede imaginar. Fue nuestro lugar preferido durante la infancia y me atrevo a decir que hasta bien entrada la madurez. Dependiendo de las edades y necesidades de cada uno, además de las biológicas, el retrete se convertía en improvisada sala de juegos y salón de lectura en donde zipi y zape, el capitán trueno, y hasta la familia Hollister compartían con nosotros risas y aventuras de diferente índole. Más adelante seria Agatha Christie, con sus diez negritos, entre otros, la encargada de acompañarnos en nuestro momento de distensión.

Lo bautizamos como el confesionario, ya que era el lugar donde confesábamos de forma espontánea y sin necesidad de sotana nuestros “pecadillos”. Lo que allí se explicaba no debía salir jamás de entre los azulejos blancos que cubrían las cuatro paredes. Antes habíamos jurado un pacto de silencio que todos debíamos cumplir, si no queríamos ser expulsados. La penitencia era “la tortura china”, que consistía en hacer cosquillas con una pluma en los pies del penitente. Fue el retrete el lugar donde  algunos descubrimos nuestra pubertad, y la de los otros. Y con ella los labios rojos, la sombra de ojos y como poner una nota de color a nuestras mejillas. Entonces las colas se hicieron todavía mas largas e interminables.

Y le llegó al retrete el momento de convertirse en cómplice de una nueva experiencia; el inicio en el tabaco, nuestro primer cigarrillo, negro o rubio, se consumía entre nuestros labios sin dar tiempo de que el humo llegara a los pulmones, provocándonos toses y ahogos que había que tapar con notas discordantes de las canciones de actualidad. Tocaba después, disimular el olor para no ser descubiertos, la colonia de mamá se evaporaba misteriosamente, el dentífrico se convertía en un bien preciado, “¡Que pasa con la pasta de dientes!  ¿Os la coméis o qué?.” Era la frase más repetida en esos días.

Aparecieron los primeros amores y los primeros dolores, ¡No solo los de barriga! Fue entonces cuando el retrete se convirtió en improvisado locutorio. El teléfono no era inalámbrico, tocaba entonces dejar la puerta echada, obstaculizada por el cable. El protagonista de la conversación era objeto de escuchas, que derivaban en comentarios y risitas burlonas, ― ¡Si cariño, yo también te quiero!, hasta mañana, un beso mi amor―cuelga tú―no, tu primero―. Colgaba el teléfono y salía corriendo detrás de nosotros, que nos afanábamos en encontrar un lugar donde escondernos.

Llegó el momento de ponernos serios, y como era misión imposible estudiar en el dormitorio, ya que estaba compartido por cuatro, se hacían turnos para preparar los exámenes, por orden de preferencia. De ello dependía sacar buenos o malos resultados.

Pasó el tiempo y la tropa fue menguando, el retrete dejó de ser una zona de aglomeraciones, para pasar a convertirse en el lugar del reposo del guerrero. Fue entonces cuando esa pieza de porcelana fría y blanca pasó a ser bautizada como el Sr. Roca. En su compañía y con la de alguien más, compartí algún café, mientras hacíamos tertulia, desnudábamos nuestras almas, y compartíamos sentimientos.

Así que, después de meditarlo mucho, invito a todos aquellos que no han pasado por la experiencia a, compartir con alguien, una vida en el retrete.

Magui Turnes

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4 Comentaris a “El retrete”

  1. Pilar Zabala escrigué:

    Tu história en torno al retrete me ha encantado. Es curioso que sea ese lugar de fria porcelana el escogido por la mayoria para forjar unos secretos que, pasado el tiempo, se recuerdan como curiosas anècdotas que nos hacen sonreir.

    • Magui escrigué:

      Efectivamente Pili resulta curioso que tantos coincidamos en compartir tantas cosas en ese lugar, que sea el escogido y elegido por tantos, ¿quizás por que pasamos mucho tiempo de nuestras vidas en él?

  2. Ferran Guardiola escrigué:

    Aquí la historia es el retrete: Sumada a las dos anteriores se puede formar una trilogía genial
    Felicidades

  3. Magui escrigué:

    Tienes razón Ferran es uno de los muchos proyectos de las Blogueres. Gracias

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